El buen vino y el buen chocolate parecen hermanos

  1. Respeto a la tierra, en el vino hablamos de “terroir” para referirnos a una zona concreta en la que se cultiva la uva, ese mismo término lo podemos aplicar al cacao pues las condiciones de la tierra en la que se cultiva es fundamental en cuanto a su sabor.
  2. Respeto a los procesos de postcosecha. Al igual que el vino, en el caso del chocolate fino los procesos posteriores a la recolección del grano, son claves para la obtención del mejor sabor.
  3. Respeto al proceso de la fermentación, un cacao que haya sido correctamente fermentado se traduce en un chocolate increíble.
  4. Estacionalidad: al igual que el vino el buen chocolate trabaja por cosechas, es decir, se asume que cada cosecha dará un fruto que dará sabores diferentes a nuestro producto final.
  5. Los fenómenos climatológicos afectan la producción. En ningún caso se comprará frutos de otros países para “completar la producción”.
  6. El sabor es relevante en el producto final.
  7. Se evitan los saborizantes artificiales: se trata de sacar el mayor provecho de cada cosecha.
  8. El envase cuenta la historia de su producción, de cómo han conseguido la materia prima, de cómo la consintieron y en algunos casos hasta la firma del “autor”.
  9. El envase nos regala algunas “notas de cata” en el caso del vino nos da frases como: y en el caso del chocolate: pues tener notas de frutas deshidratadas, almendras, avellanas, castañas y hasta café.
  10. Algunos buenos chocolates pueden envejecer dignamente, solo basta volver a fundirlos y despiertan sabores deliciosos.